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resistencia cronopio americana en exilio galeano |
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de siesta y hedonismo |
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hedonismo
El hedonismo [del griego hedonismós] es una doctrina moral basada en la búsqueda del placer [del griego hedoné] y la supresión del dolor como bien último o supremo fin, como objetivo o razón de ser de la vida humana. Un grupo de teorías filosóficas, tanto en la Antigüedad como en la Edad Moderna, han supuesto que el fin último o bien supremo del hombre se identifica con el placer y la felicidad. Todo cuanto el hombre hace o intenta, tiene siempre valor de medio para otra cosa, pero solo el placer es buscado por sí mismo, y a la obtención del placer se encaminan, en definitiva, todos los demás esfuerzos.
Bajo el término general de hedonismo se ha tendido a agrupar a diversos pensadores separados, en realidad, por notables diferencias. Sin embargo, la propia ambigüedad del concepto de placer hace que tal afirmación pueda realizarse desde muy distintas perspectivas. Se distinguen básicamente dos formas de hedonismo, el ético y el psicológico. Una acertada definición del primero es que una cosa es intrínsecamente deseable [o indeseable] si y sólo si es placentera [o no placentera].
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hedonismo no es consumismo
Se suele creer que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumista. Eso es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad capitalista. El hedonismo filosófico propone en gran medida lo contrario: el ser en vez del tener, que no pasa por el dinero, pero sí por una modificación del comportamiento. Lograr una presencia real en el mundo, y disfrutar jubilosamente de la existencia: oler mejor, gustar y gustarse sin estar enojado con el cuerpo, escuchar mejor y considerar las pasiones y pulsiones como amigos y no como adversarios. La probidad y el conocimiento del mundo son claves inevitables: es necesario trabajar con la realidad y construir a partir de ella.
Por lo tanto este hedonismo rechaza todas las formas de alienación y de dolor que imponen las religiones y sus dogmas políticos y económicos, vuelve a poner al individuo en el centro de su existencia y le invita a “pensar su vida y vivir su pensamiento”. Trabajar sobre el rechazo de los cuentos sobre el placer, sobre el uso de su cuerpo y su relación con los otros, son elementos esenciales que permiten no caer bajo el pensamiento idealista, con su canto de sirenas de pretendidas existencias después de la muerte, que aplaza una vida gozosa en el único mundo real existente. La felicidad debe hacerse en el momento presente de la vida. Es decir esta vida.
[según el filósofo francés Michel Onfray, vease : es.wikipedia.org/wiki/Michel_Onfray]
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apología de la siesta
La siesta es una costumbre consistente en descansar después de haber tomado el almuerzo. Está presente en algunas partes de España y en el resto del Mediterráneo, pero también en Latinoamérica, en China, Taiwán, Filipinas, India y Oriente Medio. La siesta es más bien una práctica de países con clima cálido o caliente, en las horas más tremendas cuando el sol está en el cenit. El calor no permite actividades muy físicas y el trabajo y demás actividades son dejados para horas más frescas. Se entabla un sueño más o menos breve con el propósito de reunir energías para el resto de la jornada.
Esta palabra viene de la expresión latina hora sexta, que designa al lapso del día comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas. La lengua castellana fue la que creó el término.
No se trata sin embargo sólo de una costumbre española, sino de una consecuencia natural del descenso de la sangre después de la comida desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provocaba una consiguiente somnolencia. Teniendo en cuenta lo copiosas que suelen ser las comidas [o almuerzos, es decir comidas de medio día] españolas y mediterráneas frente a otras rutinas y regímenes alimenticios europeos que distribuyen las comidas abundantes más hacia el principio o el final de la jornada, y a la propia cronobiología. Independientemente de haber comido o no, la depresión postprandial es un elemento que surge tras aproximadamente ocho horas tras el despertar. En ese lapso es cuando hace más calor, e incluso los animales retornan a sus guaridas para descansar.
Durante la siesta, es posible acostarse simplemente o dormir francamente. El tiempo varia según las personas, de diez minutos a varias horas. Está demostrado científicamente que la siesta mejora la salud en general y la circulación sanguínea y previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada. Una siesta larga puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche, por ello su duración depende del reparto de actividades de cada persona a lo largo del día. Cuanto más larga la siesta, menos se dormirá de noche pero permitiendo aprovechar las horas más frescas de la tarde y la madrugada. El tiempo de sueño diario se ve así repartido en dos veces.
Pero decir "durante la siesta" no significa sólo ese momento de sueño, pues la siesta es también un momento en la tarde. Un momento que se alarga más o menos, que va desde que uno "se va a hacer la siesta" hasta cuando uno "se levanta de la siesta". La siesta puede practicarse solo o acompañado, a uno, dos o varios. En una cama, o en la cama, en el sofá, en el suelo o donde más provoque, o donde se pueda. La siesta no es sólo dormir, de ahí que puede volverse "romana". La siesta romana se practica solo, o sola, o acompañados y en ella se practica sexo, antes o después, o antes y después. También durante la siesta, se puede leer algo, tumbado en la hamaca, o simplemente pensar esperando el sueño. También se puede escuchar algo de música, un programa de radio a sabiendas que uno se dormirá antes de que acabe, o ver la tele. Bien sea como más apetezca, la siesta es un momento de relajación, de descanso, que parte la jornada en dos y ofrece vivir como dos días en uno.
En Occidente, o mejor dicho en las regiones de clima menos agraciado y más frío, y de hecho en los lugares donde el capitalismo arrasa con su depredadora alienación, la siesta es a menudo considerada como un "lujo", un tiempo robado al tiempo de trabajo u otras actividades. Si alguna vez se permite, y algún postmoderno hasta la aconseja, es con la condición de que sea de lo más breve, minutos contados, y con el único motivo de mantener o aumentar la productividad. Dando la razón a la siesta misma, pero atándola, negándole la libertad. No tomando en cuenta que la siesta permite alargar el día, aumentando así el número de actividades y demorando su duración. La cuestión central siendo llanamente el trabajo y no los beneficios biológicos, ni mucho menos la simple y sencilla felicidad y el necesario descanso. Como debería humanamente ser, sin prisas ni agobios. Y es.
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