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resistencia cronopio americana en exilio galeano |
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expresión política de |
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"La moral es indiferente a los discursos y extraña a las reglas: sólo existe dentro de y por nuestros actos." La modernidad es movimiento, o no es."
"Está permitido esperar que un arcaísmo algo de tres al cuarto como un gran discurso en plaza de la República, apoyándose sobre lo que hay de más físico, efímero y precario [trozos de tela, cuerdas vocales, tablones ligeramente sobrealzados] para entreabrirnos a lo que hay de más perenne y de más impalpable [el sentido o el no-sentido de lo que uno hace sobre tierra], siga respondiendo a esta exigencia, este sueño anclado en el fondo de nuestras soledades: pensar, reir y temblar juntos, millones de cabezas, un solo cuerpo."
[régis debray] |
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andré gorz : la ecología de ellos y la nuestra ...
cronoterapias ...
aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc ...
hacer política consiste en militar ...
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la ecología de ellos y la nuestra
visionario, andré gorz ya había previsto, en este texto publicado en 1974,
la recuperación de la ecología por la industria, los grupos financieros, es decir el capitalismo
La ecología, es cómo el sufragio universal y el descanso dominical : en un primer momento, todos los burgueses y todos los partidarios del orden os dicen que queréis su ruina, y el triunfo de la anarquía y el oscurantismo. Después, cuando las circunstancias y la presión popular se hacen irresistibles, os conceden lo que ayer os negaban y, fundamentalmente no cambia nada.
La consideración de las exigencias ecológicas cuenta con muchos adversarios entre la patronal. Pero tiene ya bastantes partidarios entre empresarios y capitalistas, como para que su aceptación por parte de las potencias del dinero, se convierta en una seria probabilidad. Entonces más vale, desde este momento, no jugar al escondite: la lucha ecológica no es un fin en sí, es una etapa. Puede crear dificultades al capitalismo y obligarle a cambiar; pero cuando, después de haber resistido durante mucho tiempo por las buenas y por las malas, finalmente ceda porque el impasse ecológico se haya convertido en ineluctable, integrará este inconveniente como ha integrado todos los demás.
Por eso es necesario de entrada plantear la cuestión francamente: ¿qué queremos? ¿Un capitalismo que se acomode a los inconvenientes ecológicos, o una revolución económica, social y cultural que suprima los inconvenientes del capitalismo y, por ello mismo, instaure una nueva relación de los hombres con la colectividad, con su medio ambiente y con la naturaleza? ¿Reforma o revolución?
Ante todo no respondáis que esta cuestión es secundaria y que lo importante es no ensuciar el planeta hasta el extremo de hacerle inhabitable. Por tanto la supervivencia tampoco es un fin en sí: ¿vale la pena sobrevivir en [como se lo pregunta Iván Illich] “un mundo transformado en hospital planetario, en escuela planetaria, en prisión planetaria y en el que la tarea principal de los ingenieros del espíritu será fabricar hombres adaptados a esta condición”? Si dudáis de la bondad del mundo que los tecnócratas del orden establecido nos preparan, leed el dossier sobre las nuevas técnicas de “lavado de cerebro” en Alemania y Estados Unidos: después de los psiquiatras y los psicocirujanos americanos, investigadores agregados a la clínica psiquiátrica de la universidad de Hamburgo exploran, bajo la dirección de los profesores Gross y Svah, métodos limpios para amputar a los individuos la agresividad que les impide soportar tranquilamente las mayores frustraciones: las que les impone el régimen penitenciario, así como el trabajo en cadena, el asentamiento en ciudades superpobladas, la escuela, la oficina y el ejército.
Es mejor intentar definir desde un principio, por qué se lucha y no solamente contra qué. Es mejor intentar prever como afectarán y cambiarán al capitalismo las exigencias ecológicas, que creer que éstas provocarán su desaparición sin más.
Pero ante todo, ¿qué es en términos económicos, una exigencia ecológica? Tomad por ejemplo los gigantescos complejos químicos del valle del Rín, en Ludwigshafen [Basf], en Leverkusen [Bayer] o en Rotterdam [Akzo]. Cada complejo combina los siguientes factores :
– recursos naturales [aire, agua y minerales] considerados hasta ahora como gratuitos porque no necesitaban ser reproducidos [sustituidos];
– medios de producción [máquinas y edificios] que son capital inmovilizado, que utilizan y que por tanto es necesario asegurar su sustitución [la reproducción], preferentemente por medios más potentes y más eficaces, que den a la empresa una ventaja sobre sus competidores;
– fuerza de trabajo humana que también exige ser reproducida [hay que alimentar, cuidar, alojar y educar a los trabajadores].
En la economía capitalista, la combinación de estos factores en el seno de los procesos de producción, tiene como objetivo dominante el máximo de beneficio posible [lo que para una empresa preocupada de su futuro significa también: el máximo de potencia, y por tanto de inversiones y de presencias en el mercado mundial]. La búsqueda de este objetivo repercute profundamente sobre la forma en que los diferentes factores son combinados y sobre la importancia relativa concedida a cada uno de ellos.
La empresa, por ejemplo no se pregunta nunca como hacer que el trabajo sea más agradable, para que la fábrica respete mejor los equilibrios naturales y el espacio de vida de la gente, para que sus productos sirvan a los fines que se lijan las comunidades humanas. La empresa se pregunta solamente cómo hacer para producir el máximo de valores mercantiles con el menor costo monetario. Y a esta última pregunta responde: “Tengo que privilegiar el perfecto funcionamiento de las máquinas, que son escasas y caras, antes que la salud física y psíquica de los trabajadores que son rápidamente sustituibles a bajo precio. Tengo que privilegiar los bajos costos antes que los equilibrios ecológicos cuya destrucción no correrá a mi cargo. Tengo que producir lo que puede venderse caro, aunque cosas menos costosas pudiesen ser más útiles”. Todo lleva el sello de estas exigencias capitalistas: la naturaleza de los productos, la tecnología de producción, las condiciones de trabajo, la estructura y la dimensión de las empresas...
Pero sucede que, especialmente en el valle del Rín, el asentamiento humano, la contaminación del aire y del agua han alcanzado un grado tal que la industria química, para continuar creciendo o incluso solamente funcionando, se ve obligada a filtrar sus humos y sus afluentes, es decir a reproducir condiciones y recursos que, hasta ahora eran considerados como “naturales” y gratuitos. Esta necesidad de reproducir el medio ambiente va a tener repercusiones evidentes: hay que invertir en la descontaminación, y por tanto aumentar la masa de capitales inmovilizados; a continuación es necesario asegurar la amortización [la reproducción] de las instalaciones de depuración; y el producto de estas [la limpieza relativa del aire y del agua] no puede ser vendido con beneficio.
En suma, hay un aumento simultáneo del peso del capital invertido [de la “composición orgánica”],
del coste de reproducción de éste y de los costos de producción, sin un aumento correspondiente de las ventas.
En consecuencia, una de dos: o bien baja la tasa de ganancia, o bien aumenta el precio de los productos. La empresa evidentemente intentará elevar sus precios de venta. Pero no lo conseguirá fácilmente : las otras empresas contaminantes [cementeras, metalurgia, siderurgia, etc.] intentarán también hacer pagar más caros sus productos al consumidor final. La consideración de las exigencias ecológicas tendrá finalmente esta consecuencia: los precios tenderán a aumentar más rápidamente que los salarios reales, el poder adquisitivo popular será por tanto comprimido y todo sucederá como si el coste de la descontaminación fuese descontado de los recursos de que dispone la gente para comprar mercancías.
La producción de estas tenderá a estancarse o a bajar; las tendencias a la recesión o a la crisis se verán agravadas. Y este retroceso del crecimiento y de la producción que, en otro sistema, habría podido ser un bien [menos coches, menos ruido, más aire, jornadas laborales más cortas, etc.], tendrá efectos enteramente negativos: las producciones contaminantes se convertirán en bienes de lujo, inaccesibles para la mayoría, sin dejar de estar al alcance de los privilegiados; se ahondarán las desigualdades; los pobres serán relativamente más pobres, y los ricos más ricos.
La consideración de los costos ecológicos tendrá, en suma, los mismos efectos sociales y económicos que la crisis del petróleo. Y el capitalismo, lejos de sucumbir en la crisis, la administrará como ha hecho siempre: grupos financieros bien situados aprovecharán las dificultades de los grupos rivales para absorberlos a bajo precio y extender su influencia económica. El poder central reforzará su control sobre la sociedad : los tecnócratas calcularán las normas “óptimas” de descontaminación y de producción, dictarán reglamentaciones, extenderán los dominios de “vida programada” y el campo de actividad de los aparatos represivos. Se desviará la cólera popular, a través de mitos compensatorios, contra cómodas víctimas propiciatorias [las minorías étnicas o raciales, por ejemplo, los “melenudos”, los jóvenes...] y el Estado asentará su poder en la potencia de sus aparatos : burocracia, policía, ejército y milicias llenarán el vacío dejado por el descrédito de la política de partido y la desaparición de los partidos políticos. Basta con mirar alrededor, para percibir por todas partes los signos de semejante degeneración.
Os preguntaréis si esto puede evitarse. Sin duda. Pero es así exactamente como pueden ocurrir las cosas si el capitalismo es obligado a tomar en consideración los costos ecológicos sin que un ataque político, lanzado a todos los niveles, le arranque el dominio de las operaciones y le imponga un proyecto de sociedad y de civilización completamente diferente. Porque los partidarios del crecimiento tienen razón en una cosa al menos : en el marco de la actual sociedad y del actual modelo de consumo, basados en la desigualdad, el privilegio y la búsqueda del beneficio, el no-crecimiento o el crecimiento negativo pueden significar solamente estancamiento, paro, y aumento de la distancia que separa a ricos y pobres. En el marco del actual modo de producción, no es posible limitar o bloquear el crecimiento repartiendo más equitativamente los bienes disponibles.
En efecto, es la misma naturaleza de estos bienes la que con más frecuencia prohibe su equitativa distribución: ¿cómo repartir “equitativamente”' los viajes en Concorde, los Citroën DS o SM, los apartamentos en el ático de rascacielos con piscina, los mil productos nuevos, escasos por definición, que la industria lanza cada año para desvalorizar los modelos antiguos y reproducir la desigualdad y la jerarquía social? ¿Cómo repartir “equitativamente”, los títulos universitarios, los puestos de encargado, de ingeniero jefe o de catedrático?
¿Cómo no ver que el resorte principal del crecimiento reside en esta huida hacia adelante generalizada que estimula una desigualdad mantenida deliberadamente : en eso que Iván Illich llama “la modernización de la pobreza”? Desde que la mayoría puede acceder a lo que hasta entonces era el privilegio de una minoría, ese privilegio [el bachillerato, el coche, el televisor] se desvaloriza, el umbral de la pobreza se eleva un punto, son creados nuevos privilegios de los que la mayoría esta excluida. Recreando sin cesar la escasez, para recrear la desigualdad y la jerarquía, la sociedad engendra más necesidades insatisfechas de las que colma “la tasa de crecimiento de la frustración excede ampliamente a la de producción” [Illich].
Mientras se discuta en los límites de esta civilización de la desigualdad, el crecimiento aparecerá ante la mayoría de la gente como la promesa -sin embargo enteramente ilusoria- de que un día dejarán de ser “subprivilegiados”, y el no-crecimiento como su condena a la mediocridad sin esperanza. Así, no es tanto al crecimiento a lo que hay que atacar, sino a la mistificación que mantiene, a la dinámica de necesidades crecientes y siempre frustradas sobre la que reposa, a la competitividad que organiza, incitando a alzarse a cada individuo “por encima” de los demás. La divisa de esta sociedad podría ser : Lo que es bueno para todos no vale nada. Sólo serás respetable si eres “mejor” que los demás.
Comencemos por el primer punto. En 1962, el 10% más rico de la población francesa tenía una renta setenta y seis veces [¡76 veces!] más elevada que el 10% más pobre. A título de comparación, este coeficiente de desigualdad era de 10 para Checoslovaquia, de 15 para Gran Bretaña, de 20,5 para Alemania y de 29 para los Estados Unidos. Diez años más tarde la producción industrial francesa se había duplicado; sin embargo el coeficiente de desigualdad se había mantenido prácticamente constante en Francia, y seguía siendo 29 en los Estados Unidos. Aún más: en Francia como en los Estados Unidos, la mayor parte [más de la mitad] de los bienes y servicios era y es producido para el 20% más acomodado de la población. Dicho de otra manera, el privilegio de los ricos y la pobreza de los pobres han permanecido inalterables.
Ya sé que surgirán las objeciones de que: “los pobres viven mejor que hace diez años”.
“Consumen más, luego son menos pobres”. Error, doble error. Pues :
1. Si bien es cierto que los pobres consumen más bienes y servicios, esto no significa que vivan mejor.
2. Suponiendo incluso que viven mejor, esto no significa que sean menos pobres.
Veamos más de cerca estos dos puntos :
1. Consumir más, es decir, disponer de una mayor cantidad de bienes, no significa necesariamente una mejora. Esto puede significar simplemente, que desde ahora haya que pagar lo que antes era gratuito, o que haya que gastar mucho más [en moneda constante] para compensar la degradación general del medio de vida. ¿Los ciudadanos viven mejor porque consumen una cantidad creciente de transportes, individuales y colectivos, para ir y venir entre su lugar de trabajo y su ciudad-dormitorio cada vez más lejana? ¿Viven mejor porque cada cinco o seis años reemplacen las sábanas que antiguamente duraban más de una generación? ¿O porque en lugar de beber un agua del grifo repugnante, compren cada vez más un agua llamada mineral? ¿Viven mejor porque consumen más combustible para calentar viviendas cada vez peor aisladas? ¿Son menos pobres porque han reemplazado la asistencia al café de la esquina y al cine del barrio –los dos en vías de desaparición– por la compra de un televisor y de un coche que les ofrecen evasiones imaginarias y solitarias fuera de su desierto de hormigón?
Hace mucho tiempo que economistas como Ezra Mishan [desconocido en Francia] han establecido que, hay que tener en cuenta las destrucciones que entraña el crecimiento [perjuicios, poluciones, descomposición de las relaciones interhumanas], “el crecimiento significa cada vez más una degradación y no una mejora”; “su costo es superior a las ventajas que de él se obtienen” [Attali y Guillaume]. O como escribe Illich, “los drogadictos del crecimiento están dispuestos a pagar más caro por disfrutar menos”. La difusión masiva de vehículos rápidos ha tenido por efecto el acrecentar las distancias más rápidamente aún que la velocidad vehicular, de obligar a todo el mundo a consagrar más tiempo, dinero, espacio y energía a la circulación. “Es la gran batalla entre la industria de la velocidad y las otras para saber quién va a despojar al hombre de la parte de humanidad que le queda”. “No se puede atribuir al crecimiento del consumo la finalidad de incrementar el bienestar de la colectividad. Los alegatos en favor de un crecimiento reorientado no son admisibles a menos que se trate de una reorientación radical" [Attali y Guillaume].
2. Ya sé : los electrodomésticos se han “democratizado”, ya no son como hace cuarenta años, el privilegio de una élite. Y lo mismo se puede decir del consumo de carne, conservas, coches, vacaciones.... ¿Significa esto que los obreros, por ejemplo, sean menos pobres? Plantead la pregunta a obreros viejos. Os dirán que en 1936, con una quincena de salario, marido y mujer podían ir de vacaciones en bicicleta, comer y dormir en un hotel durante dos semanas y que aún les quedase dinero a la vuelta. Hoy para ganarse unas vacaciones en hotel y en coche, el hombre y la mujer deben trabajar y ahorrar, no hay tiempo para cocinar y comprar, son necesarios el frigorífico, las conservas, y horas suplementarias para pagar todo eso. ¿Es eso vivir mejor? ¿Es eso la “calidad de vida” aportada por los electrodomésticos?
Respuesta de una lectora de France Nouvelle: “En primer lugar, todo es una cuestión de ocio, de tiempo de vivir... Luchemos por la jornada laboral de cinco o seis horas y los electrodomésticos podrán ser llevados al museo. ¿Qué es una colada de cuatro personas cuando se regresa a casa a las cuatro de la tarde? ¿Qué son ocho platos y ocho cubiertos, cuando en una familia cada uno se friega lo suyo?”.
Sin embargo, se dirá, el hecho de que hoy los obreros posean “bienes de confort”, reservados antiguamente a los burgueses, les hace menos pobres, Pero cuidado: ¿menos pobres que quién? ¿Que los indios o los argelinos pobres? ¿Que los obreros de hace cincuenta años? La comparación es completamente abstracta, Pues la pobreza no es un dato objetivo y mesurable [a diferencia de la miseria y la subalimentación] : es una diferencia, una desigualdad, una imposibilidad de acceder a lo que la sociedad define como “bien” y “bueno”, una exclusión del modo de vida dominante; y este modo de vida dominante nunca es el de la mayoría, sino el del 20% más acomodado de la población, que se caracteriza por sus consumos privilegiados y ostentosos. En una sociedad en donde todo el mundo fuese pobre, nadie lo sería. Lo que define a los pobres, es un
"ser-menos" con relación a una norma sociocultural que orienta y estimula los deseos.
En Perú es pobre el que no tiene zapatos, en China el que no tiene una bicicleta, en Francia el que no puede comprar un coche. En los años treinta se era pobre cuando no se podía comprar una radio; en los años sesenta se era pobre cuando uno debía privarse del televisor; en los años setenta se es pobre cuando no se tiene televisor en color, etc. Como dice Illich, “la pobreza se moderniza : su umbral monetario se eleva porque nuevos productos industriales son presentados como bienes de primera necesidad, permaneciendo fuera del alcance de la mayoría”. La masa “paga más caro un ser-menos creciente”.
Ahora bien, es precisamente lo contrario lo que hay que afirmar para romper con la ideología del crecimiento : Sólo es digno de ti lo que es bueno para todos. Sólo merece ser producido lo que ni privilegia ni rebaja a nadie. Podemos ser más felices con menos opulencia, porque en una sociedad sin privilegios no hay pobres.
Tratad de imaginar os una sociedad basada en estos criterios. La producción de tejidos prácticamente indesgastables, de zapatos que duran años, de máquinas fáciles de reparar y capaces de funcionar durante un siglo, todo eso está, en este momento, al alcance de la técnica y de la ciencia –así como la multiplicación de instalaciones y de servicios colectivos [de transporte, de lavandería, etc.] ahorrando la adquisición de máquinas costosas, frágiles y devoradoras de energía. Suponed en cada edificio colectivo dos o tres salas de televisión [una por cadena]; una sala de juegos para niños; un taller de reparaciones bien equipado; una lavandería con secciones de secado y plancha : ¿todavía tendríais necesidad de todos vuestros equipamientos individuales, iríais a los embotellamientos de carretera si hay transportes colectivos cómodos hacia los lugares de descanso, aparcamientos de bicicletas y ciclomotores abundantes, y una densa red de transportes colectivos para los barrios periféricos y las otras ciudades?
Imaginad que la gran industria, centralmente planificada, se limita a producir lo necesario : cuatro o cinco modelos de zapatos y trajes duraderos, tres modelos de coches fuertes y transformables, además de todo lo necesario para los equipamientos y servicios colectivos. ¿Es imposible en una economía de mercado? Sí. ¿Supondría el paro masivo? No : la semana de veinte horas, a condición de cambiar el sistema. ¿Supondría la uniformidad y la mediocridad? No, porque imaginad esto : cada barrio, cada municipio dispone de talleres abiertos día y noche, equipados con gamas tan completas como sea posible de herramientas y de máquinas, en los que los habitantes, individualmente, colectivamente o en grupos, producirán por sí mismos, al margen del mercado, lo superfluo, según sus gustos y deseos. Como sólo trabajarán veinte horas a la semana [y puede que menos] para producir lo necesario, los adultos tendrán todo el tiempo de aprender lo que los niños aprenderán por su parte en la escuela primaria : trabajo del tejido, del cuero, de la madera, de la piedra, del metal; electricidad, mecánica, cerámica, agricultura...
¿Es una utopía? Puede ser un programa. Porque esta “utopía” corresponde a la forma más avanzada y no a la más frustrada, de socialismo : a una sociedad sin burocracia, en la que se va extinguiendo el mercado, en la que hay bastante para todos y en la que la gente es individual y colectivamente libre de modelar su vida, de elegir lo qué quiere hacer y de tener más de lo necesario : una sociedad en la que “el libre desarrollo de todos sería a la vez el objetivo y la condición del libre desarrollo de cada uno”. Marx dixit.
[andré gorz, fallecido en septiembre de 2007. texto publicado en la revista mensual ecologista Le Sauvage –El Salvaje– en abril de 1974] |
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cronoterapias
[ampárame querido Julio] ya casi en septiembre del 2008, mes de gran contradicción para los chilensis…
El tiempo y sus sinsabores me hacen escribir, no para fortificar mi ego –que algo de argentino debo tener– sino para ahorrar. ¿Ahorrar? Sí, claro, ustedes deberían saber [cosa imprescindible en estos días] que una consulta sea de psicólogo, psiquiatra, chamán o charlatán cuesta carísima, más aún en estos tiempos de crisis, entonces en lugar de ir a una consulta, le pego al teclado de mi magnífico aunque ya viejito Mac.
Tiempo: situarse en el tiempo resulta difícil, hay que proveerse de elementos para comprender el mundo y sus alrededores, es ahí que aparecen los sinsabores [suena mejor que amargores], y es que una vez adquiridos los elementos –en mi caso el típico análisis marxista- uno ve y siente el mundo de una manera diferente, ya no soy el obrero que contribuye a la economía de un país, soy el explotado, que aunque emigrado y avecindado en la vieja Europa, no deja por ello de ser parte de la ilustre clase obrera [y a mucha honra].
Sinsabores: estos vienen básicamente de la condición de explotado, se acentúan cuando tomamos conciencia, es decir nos damos cuenta que nuestro planeta, como los obreros es súper explotado, y que por el mismo tiempo, ya no queda lugar para grandes cavilaciones –obviando las necesarias terapias–, ya casi todas las respuestas existen, lo que falta es la audacia de encontrar la buena pregunta, y el verbo llama al verbo.
Entonces planteo la “Cronoterapia”, inspirada en el gran maestro Julio Cortázar, en este caso ni Cronopios ni Famas, simplemente palabras tiradas al tiempo, para que opere la terapia, o el acto sistemático de sanar de nuestras dolencias, sinsabores, quebrantos, depresiones y tanta expresión sinónima de estar a mal traer en este mundo. Por cierto, advertencia: la Cronoterapia, es mas bien trotskista: esta en revolución permanente; tiene de cristiana: cada cual debe cargar su cruz [a evitar achacarle una cruz a los amigos, camaradas y demás denominativos fraternales]; es también anarquista, pues al fin de cuentas no esta ni ahí con el poder, la gloria, la religión [aunque constata que existen] o los estados nación; retomando, según creo al escritor Abel Pose, podemos llamarla “Cronoterapia Anarcotroskocristiana”. Podríamos decir que la Cronoterapia sueña con el fin de la explotación del hombre por el hombre.
[hernan] |
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aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc
exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Unión Europea,
invitado con ocasión de la exposición de pintura "Redescubrir América, sin negar el Viejo Continente"
Cuentan que con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Unión Europea, el Cacique Guaicaípuro Cuatemoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo:
"Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
"El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.
"También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses.
"Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron al Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro de 'destrucción de las Indias', o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos.
"¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
"Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan 'Marshall-tesuma', para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
"Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?
"Deploramos decir que no.
"En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, sin canal. En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
"Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
"Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestro hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.
"Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.
"Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
"Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
"Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los Indoamericanos.
"Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.
"Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales. En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al Poeta.
"Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa."
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc dió su conferencia ante la reunión de Jefes de estado de la Unión Europea, no sabían que estaba exponiendo una tésis de Derecho Internacional para determinar La Verdadera Deuda Externa, ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el reclamo ante los Tribunales Internacionales.
[nota m.36: el cacique mexicano Guaicaipuro existió hace poco menos de quinientos años, aunque su nombre real no incluía el ahora añadido Cuatemoc. El autor de este relato es el escritor venezolano Luis Britto García (Caracas, 1940), que lo publicó con motivo del Día de la Resistencia Indígena (12 de 0ctubre), bajo el título de "Guaicaipuro Cuatemoc cobra la deuda a Europa"] |
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hacer política consiste en militar
parafraseando a Galeano
Político es quien hace política en un partido, dice el pensamiento burgués, que descuartiza lo que toca. La compartimentación de la actividad política tiene ideólogos especializados en levantar murallas y cavar fosas. Hasta aquí, se nos dice, llega la expresión democrática; éste es el límite de la lucha; allá comienza la consecuencia. Y sobre todo, no confundirse: he ahí la frontera que separa la política de sus bajo fondos, los géneros menores, el sindicalismo, la actividad asociativa, el escrito de pensamiento, los medios alternativos o la creación multi-media y el arte.
La política abarca, sin embargo, al conjunto de los mensajes difundidos que integran una determinada cultura de lucha, al margen del juicio de valor que por su calidad merezcan. Una negociación de convenio laboral, una campaña solidaria o un ensayo son también política –mediocre o brillante, alienante o liberadora, como buena o mala puede ser, al fin y al cabo, cualquier campaña electoral.
En el esquema de estos trituradores del alma, no habría lugar para muchas de las realizaciones políticas de mayor eficacia y más alta belleza en América Latina. La obra del cubano José Martí, por ejemplo, fue sobre todo realizada para su publicación en periódicos. El argentino Rodolfo Walsh, uno de los escritores más valiosos de su generación, desarrolló la mayor parte de su obra en el medio periodístico y a través de sus reportajes dio incansable testimonio de la infamia y la esperanza de su país. La carta abierta que Walsh dirigió a la dictadura argentina en su primer cumpleaños, constituye un gran documento de la historia latinoamericana de nuestro tiempo. Fue lo último que escribió. Al día siguiente, la dictadura lo secuestró y lo desapareció.
Se puede preguntar, en tren de citar ejemplos, si la obra de Chico Buarque de Hollanda carece de valor político porque está escrita para ser cantada. ¿La popularidad es un delito de lesa política? El hecho de que las canciones de Joe Vasconcelos, quizás uno de los mejores poetas jóvenes de Chile, anden de boca en boca, tarareados por las calles, ¿disminuye su mérito y rebaja su categoría? ¿La poesía sólo vale la pena cuando se lee en casita, aunque sea rodeado de amigos? Uno de los mejores comunicadores en defensa de los derechos humanos, Adolfo Pérez Esquivel, centra su actividad en las ongs del Serpaj pero sus artículos se difunden ampliamente en todo el mundo. ¿Sólo porque es Premio Nobel? Es de hacer constar que Mario Benedetti no cree que sus poemas son menos “políticos” que sus editoriales. Los poemas de Juan Gelman, que no imitan el tango porque lo contienen, no pierden nada de su mensaje cuando en cartas abiertas se convierten. Lo mismo ocurre con Silvio Rodríguez o Pablo Milanés. ¿Acaso la “trova”, su formula social más característica, no proviene de las entrañas de la cultura popular del continente?
En un sistema social tan excluyente como el que rige en al mayoría de los países de América Latina, los militantes estamos obligados a utilizar todos los medios de expresión posibles. Con imaginación y astucia, siempre es posible ir abriendo fisuras en los muros de la ciudadela que nos condena a la incomunicación y nos hace difícil o imposible el acceso a las multitudes. En los años de la segunda guerra mundial, Alejo Carpentier escribía dramatizaciones radiales muy populares en Cuba y uno de los mejores narradores venezolanos, Salvador Garmendía, escribió telenovelas. Julio Cortázar armó uno de sus últimos libros, “Fantomas contra las multinacionales”, sobre la base de una historieta, y como historieta se vendió en los quioscos de México.
Lejos está la intención de negar el valor del partido político como medio de actividad y lucha política. Simplemente conviene empezar a cuestionar su monopolio. Y quien dice monopolio, dice monopolio de los partidos centristas de acuerdo con los monopolios industriales, financieros y mediáticos. Si los partidos de la izquierda consecuente, el mensaje de lucha de sus militantes, no logra llegar a las masas, es necesario armarse de imaginación buscando nuevas armas. O mejor dicho, retomar las armas ya usadas de la imaginación para abrir brecha en las murallas del monopolio mediático. Y poder pasar por encima de las fosas y trincheras cavadas por la burguesía.
Porque si hacer política consiste en militar, militar no puede ni debe reducirse a pegar carteles en una campaña electoral. Si político es quien milita en un partido, políticos no son sólo los dirigentes con acceso a los medios, si no todos los miembros de ese partido. Y esos militantes no pueden ni deben limitar su acción y lucha a su actividad como peones de campaña. Porque militar en política es un modo de expresión democrática, pero la consecuencia nos dice que no es ni debe ser el único. Es más, si militar es consecuente, entonces es necesario militar, pero militar con imaginación.
[vidal aguirre] |
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